Convertirnos en madres y padres. Un cambio en la identidad

Feb 13, 2023 | Blog

Por Michelle Aymes

 

Convertirnos en padres implica enfrentarnos con diversas emociones y movimientos que  tendremos que ir acomodando paulatinamente, pues cada etapa de desarrollo de nuestros hij@s nos desafiará con nuevos retos y emociones. No somos los mismos antes y después de tener un hijo. Hay veces que como madres o padres pensamos que no podemos tener fallas o que la maternidad es todo felicidad y quizá los medios de comunicación han contrubido en ello al mostrarnos imágenes idealizadas de madres y padres con bebés recién nacidos. La realidad es que esos momentos son un poco angustiantes, cansados e implican un proceso de adaptación importante para la nueva familia, además de la ilusión y emoción que implica esta nueva etapa. La maternidad a lo largo del tiempo se ha idealizado, por lo que al enfrentarnos con dificultades o sentimientos que no sean de alegría o plenitud, experimentamos emociones de culpa o que algo no estamos haciendo bien. Esto no es así, pues la maternidad y la paternidad no están libres de dudas, temores, frustraciones y ambivalencias.

 

Desde el embarazo van apareciendo fantasías y deseos en relación a ese bebé, nos imaginamos cómo será, a quién se parecerá y más adelante podemos esperar que logre cosas, que en ocasiones nosotros mismos queríamos en nuestra propia vida. A veces incluso ponemos ese deseo no cumplido a nuestros propios hij@s. Estos valores altamente estimados por los progenitores podrían ser, en el futuro, una “obligación” para el hij@, una suerte de mandato a cumplir. Sin embargo, uno de los aspectos que diferentes autores recalcan en la construcción de identidad del sujeto, es ir creando una propia con independencia de las expectativas parentales.

 

A lo largo de la crianza de nuestros hij@s recurriremos a diferentes formas de aproximación a ellos, por identificación con nuestra propia crianza, a través de nuestros propios conflictos, cualidades y personalidad en conjunto. Además, ciertos aspectos infantiles no resueltos de los propios padres ‑o de generaciones previas‑ se depositarán en el niñ@, creando expectativas que no necesariamente provienen de él o ella, sino de la mente de sus padres, situación que intervendrá en la vida intrapsíquica del sujeto en desarrollo. Por ejemplo, es común escuchar “quiero una niña porque las niñas son más apegadas a su mamá y podrá acompañarme” o “que sea niño para que continúe con el apellido y tenga el mismo nombre que mi papá, mi abuelo y mi bisabuelo”, “que sea futbolista porque a mi no me apoyaron en eso”, o “que se haga abogado para continuar con el despacho, tiene la mesa ya puesta”. Más adelante, aunque esto no se le haya dicho directamente, el hij@ recibirá un mensaje que tendrá un efecto en su psiquismo. Dicho de otro modo, las fantasías y deseos de los futuros padres se establecerán antes, durante y después del embarazo e influirán en el lugar que su hij@ ocupará en la familia.

 

El crecimiento y los cambios se darán en una doble vía; por un lado nuestro hij@ irá enfrentando diversos retos a lo largo de su desarrollo, pero también nosotros como padres nos enfrentamos a nuevas formas de relación con ell@s y a nuestro propio crecimiento. No es igual la manera en la que nos aproximamos a un bebé, a la forma en la que nos relacionamos con nuestro hijo cuando se convierte en un niño que se irá separando poco a poco de nosotros y tampoco es igual vincularse con un  adolescente que a veces querrá su espacio, y aunque seguirá necesitando de nosotros ahora enfrentará nuevos retos y formas de relación.

 

De ello deriva el slogan de Bonding “Porque lo importante no es que crezcan sino crecer con ellos”.  Constantemente vamos valorando nuestro lugar como padres, nos hacemos preguntas como: ¿Lo estaré haciendo bien?¿Estoy siendo demasiado exigente o por el contario lo estoy consintiendo mucho? Nuestro hij@ también cuenta con una mente llena de emociones, pensamientos y a la par va construyendo una forma de ser. Él o ella aportarán al vínculo con nosotros, así como también nosotros con nuestra personalidad y mundo interno impactaremos en su desarrollo.

 

Si nos permitimos aprender de la experiencia de la crianza, dando cabida a la reflexión, trabajando en nuestros conflictos internos y dejando a un lado la perfección, tendremos la oportunidad de crecer junto con ellos.